8 may. 2017

Urbanismo y Worldbuilding.

Buenas tardes, noches o madrugadas (Sí, te hablo a ti, que estás a las 6:00 am navegando en internet).



Llevaba un tiempo pensando en subir una pequeña entrada sobre cartografía para crear ciudades, pero pensé que sería guay dar primero algunos ejemplos de urbanismo a lo largo de la historia (aka crear una excusa para subir cosas sobre urbanismo, que mola mucho). Así que quizá tengamos entre manos una pequeña “serie”.

En la de hoy: factores a tener en cuenta.

1.- ¿Ciudad, pueblo, aldea?


Esto es MUY importante.¿Por qué? Muy simple, cuantas más personas más problemas y cosas a tener en cuenta. No es el mismo tipo urbanismo el que va a seguir una ciudad metropolitana, que el de Argamasilla de Calatrava (Solo algunxs lo entenderán); principalmente por los problemas que trae una mayor cantidad de gente: mayor necesidad de ciertos servicios, economía diferente, organización diferente (Por ejemplo, es más fácil que en una zona rural o poco habitada se den sistemas de control mediante relaciones de deberes o confianza, o un control absoluto del poder)… Además de la reducción del espacio.

Si no tenéis claras estas cosas, os voy a dejar por aquí unos generadores que os ayudarán, o eso espero:


  1. Donjon: Tiene varias funciones para crear mundos que pueden ser MUY útiles e inspiradoras.
  2. Fantasy name generators: Tiene generadores de descripciones de lugares que son TOP

2.- ¿Dónde está?


Es probable que ya hayáis decidido qué tipo de ciudad vais a tener, sus habitantes (más o menos)… PERO tenemos un problemita bastante obvio: la situación geográfica, la orografía… y todas esas cosas que cualquier estudiante ODIA estudiar. Si vivís en alguna ciudad en zona montañosa (como es mi caso), os habréis dado cuenta fácilmente que no es la misma disposición de las calles, ni de las casas, ni de las aceras y carreteras… la que hay en las zonas llanas a las llenas de cuestas. Asimismo, no es igual la disposición que va a haber en una ciudad atravesada por un río enorme a una que tiene un riachuelo a un par de kilómetros de distancia: las casas, los edificios encargados de proporcionar agua, las zonas habitadas para, por ejemplo, limpiar la ropa (Todxs hemos escuchado historias de nuestrxs abuelxs y lo lejos que estaba la zona para limpiar la ropa).

De nuevo, os voy a dejar unos enlaces con información, aunque sobre todo ambientada a información sobre la geografía física y worldbuilding en general.


  1. Sección de geografía de un profesor: Creo que puede ser un buen inicio
  2. Luna Antigua: Probablemente uno de los mejores blogs para worldbuilding.
Resultado de imagen de puertollano
Ejemplo de ciudad montañosa.
Si os fijáis, en las zonas de montaña tal cual, no hay grandes edificios.


3.- ¿Qué produce? ¿Cómo?


Muy relacionada con la anterior, es muy importante tener en cuenta la producción principal de la ciudad y su economía (A menos que sea una Utopía super bonita donde la desigualdad no existe), además del sistema productivo que lo dirige. Es decir, si estamos en un sistema industrial, probablemente haya grandes zonas de fábricas con barrios de obreros y a bastante distancia las zonas de los burgueses dueños de los medios de producción; si nos encontramos ante un sistema feudal, probablemente encontremos varios pueblos relativamente cerca de un castillo que los proteja, ciudades divididas en afiliación…

En cuanto a la producción, habrá que tener en cuanta qué produce: una ciudad pesquera va a necesitar estar cerca de una fuente grande de agua y tener vías de comunicación terrestre o marítima con otras para poder vender su producto; una minera va a necesitar una minas cerca… Esto es bastante obvio, pero es bueno recordarlo para tenerlo en mente y trabajar en ello también.

Resultado de imagen de puerto barcelona
¿Hablar del mar es una excusa para poneros Barcelona? PUEDE SER.

4.- ¿Qué significa?


A menos que hayáis instaurado en vuestro mundo un sistema comunista, es bastante probable que haya una religión con más o menos influencia en el poder y la mentalidad (Sí, la fe no es mala de por sí, pero negar su capacidad alienante en tanto en cuanto puede llegar a formar organizaciones y grupos de poder es imposible), por lo que podemos llegar a encontrar ciudades con significado determinado que tenga, por ejemplo, una ENORME (con mayúsculas, por supuesto) plaza con un templo donde el dios o la diosa de la patata llegó e hizo algo, donde un héroe se sentó a descansar o donde un Profeta hizo algo. No sé, lo que sea. Darle simbolismo a nuestra ciudad nos permitirá jugar también con el arte (Cómo aprovecharse de la Historia del Arte) y especialmente la importancia o no que tiene un credo en nuestro imperio, reino, república, gobierno patatero… Lo que sea.

Por otro lado, también es bastante probable que tengamos una forma de gobierno (Anarkas disliked this) y los Gobiernos necesitan legitimar su poder de alguna manera y un claro ejemplo puede ser mediante las ciudades y su organización. Si os preguntáis cómo os voy a poner un ejemplo: Estamos en el Barroco Europeo, momento de formación de las Monarquías Absolutistas y momento en el que las ciudades se transforman en un símbolo del poder: calles uniforme, alargadas y rectangulares que nos llevan a sitios importantes como monumentos, Palacios… ¿Veis a lo que me refiero? Las ciudades mostraban el poder del gobernante y nos llevaban directamente a lo que más le interesaba..

Esto que os comento es muy importante a la hora de situar espacios importantes, pero tampoco tenéis porque imitar el sistema Barroco. ¿Y si nuestra religión quiere representar la humildad y nos lleva a un templo humilde, pero unos metros antes vemos el edificio de poder? Es solo un ejemplo, pero podéis mezclar todo lo que queráis y más.

Os dejo por aquí algunos enlaces sobre urbanismo que considero curiosos:


  1. Urbanismo romano.
  2. Urbanismo en el Barroco.
  3. Urbanismo siglo XIX
Resultado de imagen de urbanismo utopico
Y así, señores, se hace una ciudad de forma bonita.

5.- ¿Está dividida la ciudad?


Si tenéis una ciudad grande, sí o sí habrá esta división (Al menos que hagáis algo super novedoso con vuestro mundo). Analizad por un segundo una ciudad más o menos grande cualquiera (No hace falta que sea una metrópoli): debido al sistema capitalista,  el reparto desigual de la producción y el uso de los diferentes medios de producción, una ciudad cualquiera va estar dividida en aquel barrio con población principalmente obrera (probablemente, colindante con uno de carácter “marginal”, o incluso dicho barrio en sí mismo), un barrio o zona comercial, un barrio más adinerado…

Esto dependerá también del contexto histórico en el que os asentéis, por lo que también será bastante importante que conozcáis un poco cómo era la vida y la ciudad del período en el que os baséis; aunque de nuevo: no es obligatorio hacerlo completamente igual, estamos haciendo fantasía y, si tiene lógica, se acepta.

Resultado de imagen de barrios paris
División de los diferentes distritos de París.
No, no es una división aleatoria.

6.- ¿Qué puntos importantes habrá?


Creo que este es uno de los últimos puntos a tener en cuenta y puede ir desde grandes templos, centros de poder… hasta un pequeño monumento de madera a un personaje importante de la ciudad. ¡Lo que sea y se os ocurra! Yo os recomendaría haceros una lista con todos estos sitios o elementos y qué relación podrían tener cada uno de ellos entre sí. Es decir, es mucho más lógico situar una estatua de un dios al lado de una gran plaza o de un templo, que junto a un vertedero.

Resultado de imagen de el david
Un David en la puerta de un basurero, POR FAVOR.

Y con esto y un bizcocho, estaría todo, más o menos visto. Como siempre digo, soy novato en lo que a historia se refiere y en el Worldbuilding, así que si veis que falta, sobra o algo está mal. ¡Dejadlo por los comentarios!

Un cyberabrazo, 





1 may. 2017

Camp Nanowrimo 2017: Crisis.

Antes de meterme con la entrada quiero daros las gracias por estar ahí aunque las publicaciones salgan cuando me sale del alma (Tendría que empezar a organizarme en condiciones); y bueno, va a haber un cambio en los turnos de publicación: Los lunes o miércoles, publicaré aquí en el blog y los viernes lo haré en el podcast. ¿Motivo? Reducir la cantidad de entradas y así poder traeros cosas mejor. Ahora sí, ¡adelante!
Sí, cómo podéis leer, he pasado por una crisis escritoril de estas super serias que te hacen dudar de hasta si debería dejar eso de ser escritor y empezar a ser una preciosa patata perdida en el campo: sin gente ni dramas. PERO NO.

Sé que la tentativa de la patata es muy grande, es decir, ¿quién no querría ser una patata? Pero antes de tirarnos de los pelos, vamos a intentar calmarnos mientras vemos estos consejillos para las crisis escritoriles.

1.- Permítetelo, es normal.

Esto es un consejo para todas las crisis o malestar en general, sobre todo para personas perfeccionistas y os lo traigo directamente de mi clase de psicología y, por ende, de la orientadora de mi centro (Parece que si nos da un consejo una persona que ha estudiado psicología tiene más fuerza). Salió hablando del tema de las emociones y cómo afectas en la motivación, así que está muy cercano a lo que estamos hablando: El Camp (Y el Nanowrimo o cualquier proyecto en general).

¿Y por qué para aquella persona que es perfeccionista en especial? Muy sencillo: no es algo malo sentirse mal, no está mal sentirse desmotivado o cansado, es humano y es completamente natural: no es un error ni un fallo que estamos cometiendo. ¡Hay derecho a estar mal!

2.- Haz trampas.

De esto ya os hablé en la entrada de la semana pasada (Consejos para el Camp Nanowrimo): buscamos escribir, ya sea el proyecto que tenemos entre manos, artículos, patatas... O incluso corregir y, de nuevo, no está mal trampear un poquito las normas originales del Nano. ¡Escribamos sin cumplir barreras!

O lo que es lo mismo, escribe lo que te salga de la catedral barroca (¿Por qué siempre decimos nariz, polla/coño, arco del triunfo...? ¡A mí me sale del Barroco, qué pináculos!) o corrige o haz lo que te dé la gana con tus proyectos, relatos, poemas o lo que sea. ¡Pero disfruta del mes!

3.- Cambia de proyecto.


Este consejo es el que voy a tomar yo, peor os dejo que os apropiéis de él vilmente.

Sé que suena obvio, pero aún así yo era algo que jamás aceptaba cuando hice el Nano (fue uno de los motivos por los que no lo terminé): el proyecto que empecé no me llenaba, antes sí lo había hecho pero de pronto perdió toda su magia (es gracioso porque su trama gira en torno a la magia. Por favor, no me peguéis), pero no me quise rendir en su momento y lo volví a intentar ahora, pero como os imaginaréis: los resultados están siendo los mismos. No lo quería dejar porque sentía que me estaba rindiendo, que estaba perdiendo y cagándola, pero al final me he dado cuenta que es todo lo contrario: dejo una cosa para centrarme en algo que pueda llenarme de verdad, que para eso escribo.

4.- Disfruta y si no lo consigues: tranquilx.


Lo he mencionado antes, pero lo repito: ¡DISFRUTA DEL MES! Si el proyecto que tenemos entre manos no nos hace disfrutar, la mejor idea es cambiarla; si nos hemos propuesto demasiado: reduce el número y haz trampas.

Pero, lo más importante: si escribes 100 o 100.000 palabras, son palabras que no tenías antes, si no lo consigues no se va a acabar el mundo. Disfrutad este mes y que el número de palabras sea algo secundario.


Después de esto, quiero deciros esto...





¡HE GANADO! Sí, ¡lo he conseguido! Mi reto eran pocas palabras, 10.000, pero estoy SUPER feliz de haberlo logrado. 

Un cyberabrazo, se despide









24 abr. 2017

[Relato] 30 segundos.

¿Por qué he estado tan fuera estos días? Pues es bastante sencillo, lo creáis o no, he estado sin wifi y, aunque tengo datos en el móvil para procrastinar, no tenía wifi para subir entrada. ¿Lo bueno? Tengo varias entradas en sucio.

Ahora vamos a lo importante, como habréis podido leer muches en mi Twitter, ¡he ganado un concurso de relatos! Y, aunque solo fuese a nivel de mi instituto, estoy muy feliz de haber ganado algo con mis textos ¡y ha sido por segundo año consecutivo! Me voy a ir dejando buena marca. Así que, sin mucho más que añadir, os dejo por aquí este intento de relato de terror. ¡Espero que os guste!

Hormigas de metal recorren los serpenteantes esqueletos de asfalto en el mismo momento en el que tú sales finalmente de tu oficina. ¿Qué hacías? No importante, probablemente solo fuese una parte más de tu aburrida rutina: despertar, recorrer un camino hasta el mencionado lugar, trabajar unas ocho horas —si tienes suerte y el jefe no decide que estés una, o dos, más—, recorrer el mismo camino de antes, pero a la inversa, y volver a casa para dormir e iniciar unas horas después esa misma rutina.

Imitas aquello que estás viendo y subes en tu propio vehículo, lo arrancas con algo de dificultad, la edad empieza a notarse no solo en ti, y recorres tu camino hacia casa. Enciendes la radio, pero no hay nada que te llame demasiado la atención: las noticias hablan de lo de siempre: ladrones en puestos importantes o incluso reales, un delito por odio que se suma a la grandiosa lista de los que ya tenéis en apenas unos meses, un robo mínimo que es fuertemente castigado, un joven que ha comentado algo por las redes y será penado… Tonterías que estás ya harto de escuchar, así que cambias la emisora y ahora se escucha una música alegre y pegadiza, no de demasiada calidad, siquiera de tu gusto, pero la dejas puesta.

Llegas a casa tras unos treinta minutos, que podrían haber sido la mitad si no fuese por la cantidad de viandantes que han decidido justo hoy no utilizar su medio de transporte habitual y llenar las calles de sus molestos cláxones y humo contaminante; obviamente, ellos lo están haciendo mal, tendrían que haber seguido con su rutina: como tú. Abres la puerta tras aparcar y dejas el largo chaquetón colgado al lado de la entrada, justo debajo, tu maletín lleno de papeles que ni siquiera recuerdas haber hecho, quizá no sean ni tuyos.

Recorres el pasillo, muy pobremente decorado: un par de cuadros comprados en el bazar de la esquina que parecen odiarse entre sí y a la casa misma a la vez, un reloj de cuco que hace años que no es más que un decorado inútil y un pequeño mueble coronado por un mantel blanco con letras en árabe decorando el borde: si tu abuelo lo viese quizá se desmayaba ahí mismo; y llegas finalmente a tu habitación: una sala cuadrada, completamente blanca y con simplemente una cama en el centro y un armario a su lado para deshacer la pureza de la nada.

Coges tu pijama, casi tan soso como el resto de lo que tines, en la tienda no tenían nada más simple por desgracia. Vas hacia el baño, para lo que solo tienes que recorrer el ancho del pasillo y abres la puerta con un agudo chirrido. “Nota mental: Comprar algo para la puerta. Chirría mucho”, piensas sin darle más importancia. Enciendes la luz e iluminas la taza del baño, la pequeña ducha donde apenas cabrían dos personas muy apretujadas y el lavabo, con su correspondiente armario-espejo encima.

Dejas tu pijama sobre el inodoro y sueltas un profundo bostezo antes de empezar a sacarte la camisa, para lo que agarras por la parte de abajo y tiras hacia arriba sin ningún miramiento por tu cabeza u orejas: para qué usar los botones, ¿no? Dejas caer la camisa y te desabrochas el pantalón, empujando ahora hacia el suelo. Ni siquiera te preocupas por recogerlo, ya lo harás cuando hayas salido y lo hayas empapado todo: así te ahorras comprar la alfombrilla que llevas diciendo tres meses que comprarías.

Antes de entrar te miras en el espejo, solo unos segundos, pero es suficiente para que veas la demacración de tu rostro: las cejas han decidido finalmente caerse y acompañar en la forma a las bolsas bajo tus ojos teñidas de un morado enfermizo, tus pómulos, años atrás sonrosados y alegres, ahora caídos y decorados aquí y allá por las marcas del paso de los años; tus labios han perdido su color intenso que casi hacía parecer que te echabas algo cada mañana, y tus ojos han dejado de brillar para convertirse en unas tormentas azules que solo buscan la hora del descanso. ¿Quién diría que aún no tienes ni cuarenta inviernos?

Entras en el pequeño recipiente cubierto por una lámina de algún plástico traslúcido que impide que nadie vea qué hay dentro, como si alguien fuese a hacerlo en algún momento. Giras el círculo metálico rodeado por el azul y un segundo después haces igual con el de la vuelta roja. El agua cae sobre tu piel, primero fría, pero en no demasiado tiempo se adapta a tu temperatura deseada. Sueltas un último bostezo y, finalmente, colocas la cabeza justo bajo la alcachofa.

Tus párpados se unen en un abrazo que dona oscuridad y las gotas de agua de caen lentamente desde su hogar de nacimiento hasta la tierra fértil donde morirán para servir a una misión mayor para ellas, habitual para ti. Caen y resbalan por todo tu cuerpo, ya sin vida, en caso de haberla tenido en algún mísero momento, y recorren cada una de las marcas que te hacen quien eres: ese pequeño lunar justo debajo de tu omóplato izquierdo por el que se interesaron los médicos cuando naciste, pero que ahora no guarda ninguna importancia; la cicatriz en el estómago que te hiciste por jugar en un árbol demasiado alto para ti, las pequeñas pecas que luchan por crecer en tus hombros como hongos ocupando un árbol, los pelos que crecen por allí y por allá y esas canas que has tratado ocultar desde hace años: ¡eres demasiado joven!, o eso te repites.

Un escalofrío recorre tu espalda. No le haces caso. “Será solo algo de aire que ha entrado”, piensas sin crear el pensamiento y sigues dejando el agua recorrer tu cuerpo.

Abres los ojos lentamente, quieres ver el agua caer en forma de cascadas desde tu cabeza, siempre te ha calmado eso, pero no sabes por qué ni le has dado siquiera importancia: simplemente te gusta, ¿qué más importa?

Han pasado treinta segundos desde que los cerraste.

Giras en el sentido contrario los grifos y el agua deja de correr en un camino suicida en busca de tu limpieza, grandes soldados que arriesgaron su vida por el gran humano, pero que no serán jamás recordados más allá de como crítica social cuando la sequía conquiste todo o cuando el pantano de al lado esté bajo. Depende de lo que llegue antes.

La sensación que recorre tus huesos es cada vez más intensa, pero prefieres apartarlo, como si no existiese. Pero existe, pero está ahí. El agua purificadora puede eliminar de ti los restos físicos del cansancio del día, la suciedad del aire o inclusa limpiar algunos pensamientos, pero no podrá jamás eliminar aquello que sientes, aquello que tus sentidos te gritan.

Ignóralo. Así haces con todo, ¿no?

Vuelves a abrir el grifo y sientes de nuevo las pequeñas gotas caer en su constante camino y cómo aquella maldita sensación desaparece según las gotas caen hasta el tragadero, en un camino directo a su paraíso, no sin antes recorrer el camino de penitencia máximo. Y cierras los ojos.

Tu respiración está calmada: tu pecho apenas sube y baja, un pequeño deje de movimiento lo impulsa en aquel rítmico paso lento entre el exterior y el interior de tu ser. Tu pulso está calmado: tu corazón bombea a un ritmo normal, unas sesenta pulsaciones por minuto, no asciende, no baja. Lo normal.

Pero esa sensación vuelve, esos ojos que no son ojos, esa mirada que no mira, eso… Sea lo que sea, algo te observa. Lo notas. Notas como su visión pasa de tus pies a tu espalda, a tu nuca y finalmente a tu cabeza. Tienes los ojos cerrados, eso no. Eso te observa, lo notas, lo sientes. Su respiración, ese viento suave que antes rechazabas, está ahí, en tu piel, la roza, la toca.

Cinco, seis, siete, ocho, nueve…

No puedes evitarlo y rápidamente tu pulsación se acelera, tu pecho se alza cada vez de manera más rápido y la boca se te reseca, y la saliva parece desaparecer de toda tu boca, siendo sustituida por aire que entra rápido. Entra y se va.

Veinticinco, veintiséis, veintisiete, veintiocho…

Abres los ojos de nuevo. Tranquilo no hay nada, no es nada. Quizá solo tienes miedo a los treinta segundos de oscuridad.


O quizá si hay algo que te observa y quizá tu miedo es lo que te salva. Recuerda, ten miedo, te hace 
sobrevivir ante lo que no ves. ¿Cómo lo sé? Bueno, yo te observo, sé lo que pasa a tu alrededor.